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Mensaje por Im Jin Shun el Mar Oct 21, 2014 8:42 pm

Switch

I

Esos

Al&Aube&Yaleh
(porque ni en un universo paralelo se cansaban de sepultar su paz)

Spoiler:

Al esperó y esperó y esperó, comenzando a sentirse irritado por las tonterías de ese par kármico que parecía… no, que se empeñaba en sabotear su paciencia como si se tratara de su deporte nacional. Y esperó y esperó en el más pétreo silencio, juzgando de dientes para adentro la escena bizarra que acontecía frente a su nariz. Y esperó, pero el jodido grito estrepitoso del “¡Debiste de ver tu cara!” jamás llegó.

El suizo se forzó a sí mismo a una recapitulación, sólo por si las dudas, pero justo en ese momento todos los hechos no tenían pie ni cabeza. Las escenas que escapaban a su compresión simplemente comenzaban con la llegada de una muchacha tan arreglada que parecía haber salido de una pasarela y un pobre sujeto imposible de reconocer ya que iba cargado de una cantidad estratosférica en bolsas llenas de cosas indefinidas, desde ropa de alta costura en cantidades industriales hasta maquillaje, zapatos de diseñador y cualquier cantidad de tonterías que posiblemente usaría una sola vez en la vida si contaba con suerte.

Hasta que tropezó, y la mitad de todo eso calló al suelo.

—¡Pero qué inútil eres! —

—Lo siento. —El muchacho se agachó rápidamente para tomar todo de nuevo, siempre con el rostro cubierto por espesos mechones de cabello marrón. A pesar de ser de altura, su complexión de alfeñique le hacía ver ciertamente patético.

Luego, el mundo se volvió loco.

La que creía, y esperaba que no, era Aurora se cruzó de brazos, alzando la barbilla de una forma petulante que le quedaba completamente fuera de personaje. Suspiró ruidosamente, esperando de mala gana a que el muchacho terminara de recoger el desastre que él mismo había provocado.

—No hables así, parece como si fueses a llorar de un momento a otro y eso es irritante. Sólo recoge las bolsas y llévalas para…. ¡Al! ¿Dónde te habías metido? —

Alphonse jamás maldijo ser tan visible. Por más que buscó una ruta de escape rápido se encontró a sí mismo arrinconado en el sofá en que tan plácidamente tejía una bufanda para su querida hermana Alina, en la esquina de la sala, sin la más mínima oportunidad de emprender la huida con o sin su honor intacto.

—¿Al está aquí? —El chico jadeó casi con horror, buscando cubrirse el rostro con una bolsa de zapatos y así, por acción divina, desaparecer en el viento. Rogó en silencio por que Alá tuviese algo de misericordia y todo se tratara de una mala broma de la chic a su lado.

—Anda, deja esa cosa ridícula que tienes en las manos y ven a mostrar tus músculos o qué se yo, sólo levanta las cosas que este no puede hacer. —Meneó su larga melena ondulada y sedosa, haciendo relucir las nuevas luces que se había teñido para resaltar el tono natural de su cabello.

El muchacho bajó la bolsa que le “cubría” al no escuchar ningún tipo de respuesta-

—Uhm… Aube… creo que él no es Al. —

—¡Claro que es él! ¿Quién más en el mundo mide dos metros y se peina así, Yaleh? —

—P-pero él no teje… —Balbuceó, bajando la cabeza para distraerse jugando con las mangas de su suéter tejido que le caían hasta poco más allá de los nudillos.

—…vale. Definitivamente se atravesaría las manos en el intento. —Aube, se frotó la barbilla, meditando la lógica inexorable de su elfo doméstico. —ganas esta vez sólo porque tienes un gran punto. Oye, tú, clon aparentemente hábil de nuestro Al ¿Quién eres?  

Si la chica mandona y chic era Aurora (¡Aurora! Las cosas ya estaban mal desde que creyó que lo era, pero el corroborar otorgaba nuevas dimensiones al asunto) entonces el otro, por defecto, era Yahan. Ese fetuccini pasivo, llorica y hablar suave. Egh.

Era prácticamente el mismo, sólo que delgaducho, con el pelo en el rostro como si fuese un perro ovejero y luego, ocultos tras la maraña de cabello obscuro y denso, unos ojos felinos de color más olivo que avellana que aparentaban depresión crónica.

¿Qué clase de cosa enferma ocurría ahí? No quería ni iba a saber, estaba decidido a ello. Los ignoró con aún más ganas. Con algo de suerte, sólo se trataría de un mal, muy mal sueño o en todo caso, desistirían y se irían.

Aphonse algún día aceptaría que eso era imposible, independientemente del tiempo u universo en el que se encontraran.

Aube se acercó hasta quedar justo frente a él, con sus labios tintados de rosa fruncidos y su mejor gesto de indignación.

—¡Ey! No me ignores. Eso es muy grosero, ¿sabías?—

Yaleh asomó su cabeza ridículamente por detrás de Aube, temiendo que de pronto el holandés se fuese a poner de pie y le gritara animosamente que tenían que ir juntos a hacer algo de masa muscular, porque un hombre que se respeta debía ser rudo, macho y con unos oblicuos impresionantes.

De solo pensarlo, Yaleh se puso algo azul y se encogió sobre sí mismo, buscando protegerse con la figura veinte centímetros más pequeña de la diva de la moda francoespañola, quien le manoteó para alejarle. No quería que arruinara su perfecto peinado.  

—No los conozco. —Al tal vez intentaba convencerse más a si mismo que hacer una afirmación. Una vaga esperanza resistente a su destino. —Váyanse. —

Él de verdad sólo quería terminar su tejido y largarse de ahí de una vez por todas ahora que su sentido común le gritaba a todo pulmón que se trataba de una oportunidad de ahora o nunca. Sabía que su suerte con este tipo de gente extraña (podía sentirlo en sus huesos; no podían ser normales) era cuestionable y no se arriesgaría por mero amor al arte.

—…bueno, tienes razón. —Aube ladeó la cabeza, inclinándose levemente hacia Al a pesar de que éste seguía empeñado en mantener la nariz zambullida en su labor. Ella sonrió, confiada y coqueta, con todos los aires de saber exactamente qué hacer. —Aube, un placer. Ese de atrás es Yaleh, pero no importa. Y tú serás Al, ahora… —Chasqueó los dedos. —lleva mis compras, por favor. Aunque sea por caridad por este pobre muchacho.

Yaleh hizo una mueca, dudoso entre hacer o no hacer lo que implicaba ese chasqueo de dedos. Al, en cambio, alzó las cejas casi con incredulidad. Oh, no. Había resultado ser tan insufrible como creyó que sería.

—Pero… —  

—Yaleh, cariño, sólo hazlo, ¿quieres? Necesitamos agilizar esto. —

—Gah… p-pero… —

Al se levantó aprovechando el momento de distracción para dirigirse de una vez por todas hacia las bolsas que aún estaban tiradas en el suelo.

—¿Ves? ¡A él no le molesta! Es una buena persona, a diferencia de ti que no eres capaz de hacer un simple recado.

Y así, haciendo una finta perfecta cuando menos esperaron,  Al ya había escapado satisfactoriamente de esos locos que bien parecían ser salidos de una película de horror.

—Aube… —

—Yaleh, cállate. —

—Él acaba de irse.—

—… —

—¿Aube…?—

—Da igual, levántalo de una vez ¿quieres? —
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Im Jin Shun

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Re: { Switch }

Mensaje por Im Jin Shun el Miér Oct 22, 2014 12:19 am

II

Lim Yoon&Jie Shen
(podía ser torpe e intolerable, pero seguía siendo su hermano)

Spoiler:
Nunca se callaba. Independientemente de cuál sea la hora o el momento, siempre lo tiene pisándole los talones hasta que termina de narrar su poco interesante día, desde el horrible nudo en el cabello que tardó horas en desenredar, lo rápido que tuvo que correr debido a lo tarde que se le hizo por culpa de eso, lo grosero que fue Juan Pedro con un pobre muchacho que no se merecía un mal trato y si tenía muy mala suerte, incluso lo mona que era la nueva dependienta del súper. Lim Yoon era un personaje con un poder de charla tal que llegaba a marearle y el único que lograba hacerle desconectar el cerebro luego de los primeros cinco minutos.

Por eso cuando no escuchó nada además que un “buenas tardes”, Jie Shen supo que algo andaba mal, pues el silencio era el peor de los síntomas de desastre.

Alzó la cabeza por primera vez desde que se sentó a esperar su plato con comida, encontrándose con lo evidente que a él claramente se le pasó por alto. Cabello enmarañado sujeto en una simple y maltrecha coleta baja, ojos acuosos y un desánimo tal que Shen casi se dio una bofetada por haberlo pasado por alto.

—¿Quién murió? —Preguntó apáticamente sin muchas ganas de que le respondieran. Veía venir una avalancha de lloriqueos o, en todo caso, un vómito verbal dramático sin fin.

Jamás llegó, aunque su plato rebosante en Pad Thai sí.

—Nadie, ¿por qué preguntas? —

El estómago de Shen gruñó, pero por primera vez en tiempo lo ignoró. Sin enterarse de la pregunta anterior, el menor tomó la muñeca de su hermano antes de que Lim se atreviera a quitarse o esconder la prueba del delito con las largas mangas del Man Gua.

—¿Qué te hicieron? —

—¡Nada! No es nada. Sólo un accidente de cocina. —

Shen le habría creído si no tuviese cortadas hasta en el dedo meñique, así que esperó en silencio a que su hermano soltara la información de una vez por todas. Lim bajó la cabeza, ruborizado al verse descubierto de la forma más tonta del mundo.

—En serio. Sólo… ando muy distraído. —

Naturalmente, no le creyó. Siempre había sido pésimo fingiendo y esta no sería la excepción.

—¿Qué te hicieron?—Repitió con un tono más grave, casi irritado. Shen se levantó aún sin soltarle para dejar su plato en el microondas, esperando que al menos así se conservara un rato con una temperatura aceptable.

Esta vez, Lim Yoon ni siquiera se molestó en responder y Shen tampoco en insistir, simplemente le hizo sentarse en la silla donde antes había estado él. Se dirigió al baño, donde sacó el botiquín de primeros auxilios luego de medio tirar la mitad de los productos que estaban en su camino y volvió rápidamente.

Sacó alcohol, algodón, tijeras y banditas, muchas banditas. Shen limpió en silencio cada pequeño y no tan pequeño corte aún a pesar de que su hermano se quejara y lloriqueara por su falta de compasión en su labor y luego cubrió con los curitas las heridas más considerables y otras no tanto, al grado de que prácticamente había más cinta visible que piel misma.

—Son demasiadas. —

Shen farfulló algo parecido a “Mentira”, aunque un rubor delator le impidió hacerlo creíble. Tal vez, y sólo tal vez, había exagerado un poquito. Lim Yoon rio débilmente mientras miraba como su hermanito lanzaba todas las cosas que había ocupado de nuevo al botiquín, ahora caótico y apenas capaz de cerrar apropiadamente.

—¿Qué te hicieron? —El menor se acercó de nuevo, esta vez parándose detrás de Yoon, quien tuo que hacer esfuerzos por mantenerse en una actitud moderada.

—Nada. ¿Por qué no vamos a comer? Se enfriará. —

—Habla de una vez. —

Y fue así como todos los esfuerzos de Lim Yoon se fueron por el caño.

—Es una tontería. —

Lim nunca lloraba, pese a ser quejumbroso y dramático. Por eso cuando empezó a lagrimear en silencio, Jie Shen no supo qué carajo hacer además de improvisar sobre la marcha.

—Si estás así, no puede ser una tontería. — Shen le soltó el cabello y dejó la cinta a un lado para poder comenzar a cepillarle la maraña de pelo obscuro que amenazaba con abducirle la mano. Era una ciencia a la que no estaba habituado, así que usó el cepillo como si se tratara de un instrumento con hipercomplejidad. Ser cuidadoso no era algo en lo que imprimiese mucho esfuerzo, pero podía hacer sus excepciones en situaciones complicadas.

—Él me dijo que nunca podría salir con alguien como yo. —Lim Yoon sorbeteó por la nariz. —que era desagradable y sólo le estorbaba para conseguir el amor de Alessia. —

—Siempre dice eso. —

—Esta vez fue en serio. —Se limpió el rostro con las grandes mangas de su saco, teniendo cuidado de no mover ni un milímetro las banditas que su hermano había colocado con tanta dedicación. —De verdad no le agrado. —

A Shen jamás, jamás le había agradado Jae. Le parecía demasiado ridículo y el mero hecho de dirigirle la mirada por más de cinco segundos le provocaba entre glaucoma y náuseas, pero esta vez había superado todos los límites de su tolerancia. Hizo rechinar sus dientes con rabia.

—Él es un idiota. —

A la próxima que se lo topara, mínimo le tiraría un diente.

—No seas maleducado. No es tan… —La mirada de irritación que le dirigió su gemelo, acompañado por el gran tirón de pelo que recibió, le hizo parar con la idea antes de completar la frase. —¡Ten cuidado! Eso me dolió.

—Estuviste todo el día deprimido y tan distraído que casi comemos fideos con dedos. —Reprendió, bufando entre dientes. —Si sigues defendiéndolo, te golpearé.

—No lo harías. —

Shen no respondió a eso, meditando sus opciones. En realidad, sí se sentía muy capaz de hacerlo si llegaba a fastidiarlo a ese grado.

—No confíes tanto en tu suerte. —

Lim Yoon volvió a reir, esta vez de buena gana. No era fácil ver a su hermano comportándose de esa forma tan atenta y ciertamente recibir algo de mimos de su parte le había caído bastante bien. Podría acostumbrarse fácilmente.

—Confío en tu amor de hermano. —

Shen resopló por la nariz, dando por terminado el tema antes de que se hiciese eterno y se pudiera demasiado de buenas. —…no sé trenzar cabello. —

—Así está bien. —Lim tomó la cinta para hacerlo por él mismo, ni bien no completamente hecho una turba de jocosidad sí bastante renovado y tranquilo, aunque ahora tenía los ojos enrojecidos por el lapsus emocional. —Muchas gracias, Shen. —

—La comida está fría. —El menor volvió a tomar asiento, repentinamente incómodo por la dulce sonrisa de su hermano. Le daría igual si no se hubiese comportado como una madre preocupada hace unos momentos.

—Te compensaré con bollos de semilla de loto. —

—Tendrán que ser muchos. —

—Los que quieras, panda. —Lim se levantó de un saltito, decidido a al menos hacer valer el esfuerzo de su hermanito. En la privacidad de la soledad volvería a preguntarse por qué no era suficiente, pero hasta entonces estaba decidido a estar animoso y parlanchín, que en realidad era bastante fácil de hacer cada que se miraba las manos, bien cubiertas y llenas de cintas colocadas con reverencia.

—Deja de llamarme así, me siento ridículo. —

—Es tu culpa por tener esas ojeras enormes. Descuida, se te ven adorables, aunque si no te afeitas parecerás un vago. De nuevo. — Lim se inclinó para depositar un beso ruidoso en la sien del menor, que bien pudo haberse largado para evitar la vergüenza de no ser porque su estómago aún clamaba por comida.

—Jódete, Lim. —

El torpe, cursi, animoso Lim Yoon estaba de regreso.

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